F. A. Klein y la Piedra Moabita

La estela de Mesa, también conocida como la Piedra Moabita, es una piedra de basalto negro con una inscripción de Mesa, rey moabita del siglo IX a.C. La estela describe el mismo evento que 2 Reyes 3, pero desde el punto de vista del rey Mesa de Moab, que se reveló contra Israel.

Esta hoy expuesta en el Louvre, Paris, y la historia sobre cómo llegó allí parece sacada de una película de Hollywood.

Se puede atribuir el descubrimiento a Frederick Augustus Klein, un misionero francés que llegó a la Tierra Santa a mediados del siglo XIX, pero fueron muchos los involucrados para que los restos de esta pieza finalmente llegaran a Paris.

F. A. Klein residía en Jerusalén, pero dedicaba gran parte de su tiempo a viajar por Palestina, a ambos lados del río Jordán. El propósito de estos viajes era la obra misionera; cuidar de los enfermos y la evangelización. Gracias a su trabajo aprendió a hablar árabe a la perfección y tenía muchos amigos nativos.

En el 1868 Klein viajó a la zona de la antigua Moab, al este del Mar Muerto. El 19 de agosto hizo una parada en un campamento beduino en Dhiban, la antigua Dibón bíblica. Estando allí, un beduino de la tribu le mostró, entre las ruinas de la antigua Dibón, una piedra negra con una larga inscripción. Aunque no podía descifrar la escritura, Klein comprendió que tenía un gran valor arqueológico y acordó el precio de 100 napoleones con el beduino para comprarle la piedra, más tarde conocida como la Estela de Mesa o la Piedra Moabita.

Tras su regreso a Jerusalén a finales de agosto, Klein se puso en contacto con J. Heinrich Petermann, cónsul del gobierno prusiano, explicando el descubrimiento, y que el beduino estaba dispuesto a vender la pieza. Petermann envió una carta al Museo de Berlin para que autorizara la compra. El 15 de septiembre recibió una respuesta afirmativa por telegrama.

Petermann intentó primero adquirir la piedra a través de Klein y Klein pidió ayuda a un amigo local, un jeque muy respetado en la zona de Transjordania. Sin embargo, unas semanas más tarde recibió la respuesta del jeque: no podía ayudarle en este asunto. La intervención de este intermediario alertó a los beduinos del gran interés europeo por la piedra, y subieron el precio a 1000 napoleones.

Petermann entonces se puso en contacto con Saba Qa‘war, un profesor árabe en Jerusalén, para que viajara a Dhiban y negociara el precio directamente con el beduino. Después de varios meses de negociación, Qa‘war consiguió acordar por escrito el nuevo precio de 120 napoleones.

Pero a la hora de planificar la transportación de la estela se encontraron con un problema. El jeque de la tribu adyacente no permitía que se realizara el transporte a través de su territorio. En noviembre del 1869 Qa‘war regresaba a Jerusalén sin la piedra.

Los alemanes intentaron mantener en secreto el descubrimiento, pero la información se filtró y llegó a los oídos de Charles Clermont-Ganneau, un joven intérprete del Consulado Francés en Jerusalén, que más tarde llegaría a ser un destacado arqueólogo especializado en el Medio Oriente.

En octubre del 1869 Clermont-Ganneau envió a un amigo árabe de confianza a Dhiban para averiguar más sobre la piedra. Este volvió con una copia de siete líneas de la inscripción, alertando a Clermont-Ganneau sobre la importancia extraordinaria de la pieza.

Entonces Clermont-Ganneau envió a Ya’qub Karavaca a Dhiban para que hiciera un calco de toda la inscripción (esto se hace colocando una hoja de papel fino, mojado, sobre la inscripción, presionando el papel en las incisiones con un pincel. Al secarse, se retira el papel y las letras quedan marcadas en relieve).

El beduino permitió que Karavaca realizara el calco, pero mientras esperaba a que se secara el papel, estalló una pelea entre los miembros de la tribu. Llegó a ser tan violenta que Karavaca temió por su vida. Lesionado por el golpe de una lanza, arrancó el papel de la piedra, y huyó en caballo. Aunque consiguió llevarse el calco completo, este estaba ahora dividido en siete fragmentos.

Mientras tanto, Petermann, el cónsul prusiano, contactó con las autoridades turcas para que le ayudaran a conseguir la estela (la gran parte del Medio Oriente, incluida Transjordania, formaban parte del Imperio Turco). Después de varios meses de negociaciones y trámites diplomáticos las autoridades turcas enviaron soldados a Transjordania para adquirir la piedra a la fuerza. Pero los habitantes de Dhiban odiaban al gobierno turco por haber hecho incursiones militares en el territorio un año antes. Así que decidieron romper la estela en múltiples pedazos calentándola sobre el fuego y arrojando agua fría sobre la piedra. Los fragmentos se distribuyeron entre los beduinos de la tribu.

Al ver la estela destruida, los alemanes perdieron interés por la piedra. Pero Clermon-Ganneau y el eminente Charles Warren (conocido por sus aportes arqueológicos en la zona del Monte del Templo en Jerusalén), que a estas alturas también se había enterado del importante hallazgo, hicieron todo lo posible para comprar los fragmentos. Clermont-Ganneau consiguió 38 fragmentos con 613 letras de un total de unas 1000 letras. Warren compró 18 fragmentos con 59 letras. Otro fragmento fue adquirido por el académico alemán Konstantin Schlottmann.

Estos 57 fragmentos es todo lo que se pudo recuperar de la Piedra Moabita, y comprenden dos tercios de la inscripción. Pero gracias al calco de Karavaca, Clermont-Ganneau pudo ordenar los fragmentos y reconstruir la estela casi por completo.

La estela de Mesa acabó en la colección de antigüedades del Medio Oriente en el Louvre y por muchos años estaba también el calco expuesto a su lado.

Aún hoy, más de 150 años después de su descubrimiento, sigue siendo la inscripción monumental más larga jamás hallada en Palestina, a ambos lados del río Jordán.

Fuente principal de esta publicación:
http://cojs.org/why_the_moabite_stone_was_blown_to_pieces-_siegfried_h-_horn-_bar_12-03-_may-jun_1986/


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