La datación del Éxodo (parte I): ¿Pura ficción?

Se podría decir que el Éxodo es un acontecimiento central y fundamental en la historia y religión judía. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, el éxodo de Egipto es un tema envuelto en mucha controversia y debate. La verdad es que no existe un consenso en cuanto a la fecha de este importante evento, incluso de su veracidad histórica.

En el ámbito de la arqueología bíblica son tres las líneas principales de interpretación del Éxodo bíblico, y la más extendida es también la más crítica. Como ya se podía leer en la entrada Maximalismo vs Minimalismo, según este último, los textos bíblicos se redactaron mucho más tarde que los sucesos que describen, con el propósito de recrear un pasado glorioso, pero que realmente sería fictivo. Argumentan por lo tanto que el Éxodo bíblico no es un relato preciso sobre los orígenes de Israel, apoyándose principalmente en dos convicciones arqueológicas:

  1. La ausencia de mención alguna de israelitas en Egipto en los registros egipcios, y
  2. La falta de evidencia arqueológica de una conquista según el libro de Josué.

Además, también destacan que a pesar de que el texto bíblico del Éxodo relata la historia de Egipto, lo hace en términos vagos y superficiales; ningún egipcio se presenta con su nombre propio, ni si quiera el de los dos faraones involucrados, el faraón de la opresión y el del éxodo.

Pero la verdad es que el uso del título “faraón” en el Antiguo Testamento para representar al rey sigue las pautas tradicionales de la época en Egipto. La palabra faraón viene de un antiguo vocablo egipcio Per-aa, que significa “casa grande”. Per-aa era el nombre del palacio real, pero a mediados de la Dinastía 18 pasó a designar al rey mismo. Ocurre por primera vez bajo Tutmosis III y IV (siglo XV a.C.), luego con Akenatón (aprox. 1360 a.C.), y muy a menudo posteriormente. A partir del siglo X a.C. se pasó a incluir el nombre propio después de “faraón”, p.e. faraón Hofra (Jeremías 44:30) y faraón Necao (2 Reyes 23:29).

El uso bíblico de “faraón” en el Antiguo Testamento se corresponde perfectamente a esta costumbre. El hecho de que no se mencione el nombre propio del faraón en el relato del Éxodo es completamente coherente con la tradición egipcia de la época si el libro del Éxodo fue escrito por Moisés a finales del siglo XV a.C. según la tradición bíblica.

La falta de cualquier mención en los registros egipcios sobre israelitas en Egipto o sobre el Éxodo no es tan extraño y no tiene por qué implicar una prueba contra la veracidad del relato bíblico.  Las inscripciones egipcias que han sobrevivido hasta nuestros días son, en general, registros propagandistas tallados en piedra glorificando los logros del monarca divino. Un evento que degradaría al faraón de Egipto nunca se registraría. Además, se creía que las escrituras eran sagradas, convirtiendo en realidad todo lo escrito. Si un evento no se registraba, entonces nunca pasó.

Desde el punto de vista minimalista tampoco hay ningún tipo de evidencia arqueológica que afirme una conquista israelita de Canaán según el relato bíblico.  El cambio cultural en el material arqueológico que uno esperaría encontrar despues de una conquista como la mencionada en el libro de Éxodo no es visible hasta 1200 a.C. Además, la arqueología no ha expuesto ningún tipo de capa de destrucción en las ciudades que fueron destruidas por los israelitas según la Biblia: Jericó, Ai, y Hazor. El problema es que asumen que la conquista fue en el siglo XIII a.C. siguiendo la fecha tardía del Éxodo (ver más en la parte II de esta serie) y es cierto que no se han encontrado signos de destrucción en esta época. Pero si partimos de un Éxodo más temprano según la fecha tradicional, en el 1446 a.C. (leer más en la parte III de esta serie), las excavaciones arqueológicas sí muestran evidencia de destrucción por fuego en las tres ciudades hacia finales de la Edad de Bronce Tardía (LB I), aprox. 1400 a.C.

Entonces, si el Éxodo es ficción, ¿de dónde salieron los israelitas? La escuela minimalista entiende que el pueblo israelita en realidad se formó en las tierras altas de Canaán a finales del segundo milenio a.C. partiendo de la cultura indígena cananea. Esta hipótesis se basa en el cambio cultural del material arqueológico distinguible alrededor del 1200 a.C. designando el inicio de la Edad de Hierro en Canaán. Pero este cambio también puede interpretarse de otra manera acorde a la narración bíblica (ver parte III de esta serie).

Moisés rescatado del Nilo por la hija del faraón de Egipto. Grabado de Gustave Doré (1832-1883).

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